miércoles, 14 de septiembre de 2016

El inquisidor y la soberanía: Jean Bodín y el origen del Estado moderno



La verdad es que este post pudiera tener varios títulos posibles:
1. Del cómo aceptamos teorías en el derecho sin saber quién diablos las dijo
2. El cazador de brujas y la invención de la teoría contractual del Estado
3. El Pacto diabólico y el Pacto Estatal

Pues bien, ahí les voy. Juan Bodino (Angers, 1529/30-Laon, 1596)  -como es conocido por estos lares- es noto por su planteamiento sobre la soberanía, recogida en su obra de Los seis libros de la República (1576), el "poder absoluto y perpetuo de una República"; soberano es quien "...tiene poder absoluto quien no está sujeto a las leyes, no se hallará en el mundo príncipe soberano, puesto que todos los príncipes de la tierra están sujetos a las leyes de Dios y de la naturaleza y a ciertas leyes humanas comunes a todos los pueblos".

El otro tema en el que Bodino se hizo experto y autoridad es el de la cacería de brujas, su libro De la démonomanie des sorciers (Sobre la adoración demoníaca de las brujas) de 1604, es la obra que sirvió en innumerables procesos contra brujas y hechiceros, convirtiéndose en uno de los libros más editados en su tiempo (10 ediciones). El profesor de derecho romano tenía particular morbo por la manera en que ciertas mujeres pactaban con Lucifer, por ejemplo, contiene un reporte minucioso sobre un hecho descubierto en 1552: "Magdalena de la Cruz de Cordova, abadesa y mujer de temperamento volátil, confesó haber mantenido relaciones sexuales con el diablo a lo largo de treinta años, sin encontrar nada que reprocharle como amante". quien fuera magistrado en París relata asqueado -pero profundamente interesado en la experiencia de la abadesa-, la obsesiva relación sobrenatural de esta mujer.

De la démonomanie des sorciers contiene variados consejos dirigidos a los inquisidores -abogados la mayoría- de cómo combatir a los esbirros terrenales de Satán, incluso se sabe que este tema lo enfrentó con sus camaradas del parlamento francés, pues algunos abogaban por confesiones obtenidas sin tortura, testimonios de testigos no involucrados en el hecho, mientras que Bodino, estaba convencido que si los inquisidores seguían sus instrucciones al pie de la letra, ninguna bruja o hechicero sería condenado injustamente, cuestión que no sucedió y dio pie a un feminicidio en toda Europa.

Pensemos que en la cabeza de Bodino subsistían dos tipos de pactos: aquel que es el origen de la autoridad y que se da entre las diversas familias que componen las élites de una sociedad, la cuales, al ponerse de acuerdo, nombran a una persona o institución para que ejerza la autoridad y gobierne, de ese modo, el poder político, es el resultado de un pacto, pero una vez concretado dicho pacto, la persona que ostente la autoridad deberá tener todo el poder y ha de ser obedecida por todos. El otro pacto es el que una mujer o un hombre realiza con el demonio a cambio de favores, privilegios o poder, me parece que entonces hay bastantes similitudes: no importa que otros salgan perjudicados, los que tienen acceso a tal o cual pacto son los que se verán beneficiados directamente; en ambos pactos el riesgo es perder el alma -las partes de dichos pactos son literalmente 'desalmados'-, hay muchas mentiras de pro medio, el demonio es muy hábil para engañar y envolver con promesas a quienes han de adherirse al pacto, el Estado también.

Aprovechando la metáfora - y claro que no lo dijo Bodino- la solución puede estar en la obra clásica sobre el pacto infernal, el Fausto de Goethe: hay que engañar al demonio -y al Estado- en su propio terreno, siempre y cuando la apuesta sea por conseguir el amor y la vitalidad, hay que hacerle creer que estamos desesperados, pero en el fondo nuestra habilidad para utilizar sus propios recursos contra él mismo habría que aprovecharlos de la mejor manera posible.