jueves, 4 de noviembre de 2010

Peatón vs Automovilista. De la cultura vial y otras cosas...



La calle es un espacio agónico donde se representa todos los días una batalla a veces cruenta por apoderarse de las vías de tránsito, los dos contendientes son el peatón y el automovilista, aunque ciertamente el primero lleva todas las de perder porque lo que antepone es su propio cuerpo.

Un fenómeno por demás interesante para analizar cómo se desenvuelve una cultura jurídica específica. Resulta que existe una reglamentación tanto para peatones como para automovilistas, que sinceramente pocos conocen, ya este asunto nos llevaría a plantearnos el tema de la eficacia del derecho, pero dejémoslo ahí. Resulta además que detrás de la cultura jurídica subyacen también imaginario de nuestra propia cultura cívica que inciden directamente en el problema, por ejemplo la idea de que el automovil significa status social, a diferencia de otras culturas, en México tener automovil significa pertenecer a un grupo social distinto, incluso el tamaño y la marca determinan el grado de distinción y por tanto distinguen del resto. Así el que tiene coche, es porque tiene la posibilidad económica de hacerlo, en contraste con el que se presume no lo tiene por "andar a pie". El peatón está destinado a asumir el "riesgo" por no haberse esforzado lo necesario (o tener una ascendencia rica) para tener un automovil.

En el contexto anterior, el peatón rezaga la civilización, entorpece la vida cívica y en fin, deteriora el progreso y hasta las vistas urbanas, porque parece más adecuado al mensaje civilizatorio que todos tengamos coche, tanta gente en la calle puede ser signo de retraso. Curiosamente todo esto es una apreciación impuesta, impuesta por una cultura consumista que nos obliga a tener coche. No son pocos los anuncios publicitarios que menosprecian al peatón como un ser deplorable y condenado a sufrir los peligros de la calle. El coche en esta cultura es extensión del domicilio particular, es propiedad privada por excelencia, sobre todo ahora que es muy difícil tener una propiedad inmueble, al menos conformarnos con la propiedad mueble por excelencia.

Todo esto es un discurso construido entorno al consumo, una idea implantada que es fácil desmontar apelando al sentido común ¿Será realmente el triunfador indiscutible el automovilista propietario que pasa horas y horas dentro de su vehículo, aislado de todo, involucionando socialmente, contaminando y gastando mucho dinero en impuestos, combustible, revisiones mecánicas etc? como bien dicen por ahí el automovil no es en ningún modo inversión, es puro gasto. No podría caber en mejor lugar que aquí la idea dialéctica de civilización ¿quién es el civilizado, el que lo tiene todo el que no necesita de nada? normalmente debiera responderse prudencialmente esta pregunta, es cierto que necesitamos de los adelantos de la técnica como lo es el automovil pero eso no puede ir en detrimento de nuestra característica de entes gregarios.

Por otro lado parece que estamos perdiendo la calle, ese espacio por demás social, el del merolico, el del marchante, espacio dialógico que hace florecer relaciones cívicas y nos entrena para la vida. Como lo ha puesto en evidencia Hugo Hiriart en su libro "Circo Callejero" entre más rico es un barrio menos gente hay en sus calles, pero tambi´´en podría expresarse en estos términos: entre más desarrollado es un barrio (desarrollo económico y tecnológico) menos personas habrá en sus calles. La relación inversamente proporcional está completa " a más desarrollo económico más subdesarrollo humano".

Y volvemos a nuestro tema, si bien el peatón no es una blanca paloma respecto a sus obligaciones cívicas, si es cierto que es la parte más frágil y más susceptible de daño en la lucha contra el automovilista, sólo en la Ciudad de México mueren más de 18 mil personas al año atropellados gran parte niños, ciertamente negligencia en muchos casos, pero no dejan de ser "delitos imprudenciales", en derecho se llama a esto responsabilidad objetiva, se asume la responsabilidad del uso de un objeto que es potencialmente peligroso.

En estos términos más que reglamentos necesitamos una paideia, un programa de educación cívica, en el que se siga fomentando el uso de vehículos alternativos como la bicicleta; mejorando los sistemas de transporte y educándonos respecto de nuestros derechos y obligaciones como transeúntes y conductores. Las señales de tránsito son un muy buen elemento pedagógico, pero son instrumentos, debe imperar el buen juicio en cada caso, sentido común que por cierto está implícito en la reglamentación correspondiente: sí el peatón comenzó a travesar la calle durante el alto del conductor aunque la luz cambie a verde el conductor debe esperar a que termine de cruzar el peatón, dice la norma, que es puro sentido común, básicamente evite "aventarle el coche al peatón", usted tiene una máquina que funciona con la mínima presión de su pie, el peatón tiene que imprimir fuerza a sus dos piernas en proporción a su condición física.

Por otro lado no podemos dejar esta tarea colosal sólo a las autoridades, la mayoría de las veces peor educadas y limitadas para ello, es necesario un esfuerzo ciudadano, pues para recuperar la calle y mejorar la seguridad de la misma, se requiere el esfuerzo de todos comenzando por la difícil, pero no imposible tarea de cambiar nuestra idiosincrasia, nuestra cultura bajo mensajes ecológicos, cívicos, sociales y humanos que nos ayuden a plantear la lucha entre peatón y atuomovilista en términos de convivencia.

lunes, 4 de octubre de 2010

Bi-centenarios: imágenes e imaginarios que apelan a una cultura cívica nostálgica


Como bien decía Herodoto la historia está hecha para encender el espíritu patriótico y llevar a las naciones a plantearse mejores derroteros, dicho así, la historia es entonces susceptible de ser manipulada, como de hecho lo es, la cuestión es que a veces puede ser con fines buenos pero otras veces, quizá las muchas, con fines de alienación; la historia como fenómeno cultural está sujeta a las imágenes que la propia comunidad a la que se adscribe le señala pero a su vez es capaz de generar imágenes que se constituyan en referentes culturales.

En la contemporaneidad sigue apelándose a ese tipo de historia de bronce, aun si bien la historiografía ya fue y regreso en su distanciamiento con este tipo de historias; hoy mismo parecen coexistir el relativismo producto de la explicación posmoderna (se piense en Fukuyama y El fin de la historia) por el cual se podría resumir todo es historia y a la vez nada lo es depende del relato, por otro lado la idea de preservar la memoria de ciertas culturas que deben tener presente los oprobios sufridos en sus pasados y el perdón que los victimarios presentes piden a las víctimas actuales por crímenes del pasado; vemos también replantearse la mitología, sobre todo a través del cine, películas de corte histórico que hablan de valores contemporáneos y apelan a discursos actuales; tradiciones reinventadas, fiestas resignificadas y en fin, un afán renovado por mirar el pasado, para buscar una identidad tal vez perdida frente a la vorágine que representa la globalización.

En resumen, no sólo cultura, sino también historia cultural: somos resultado de nuestro pasado, y a la vez la imagen de nuestro pasado es sólo posible a través de nuestros preconceptos actuales. La historia jamás ha sido inocua, parecen vigentes las palabras de Simón Bolívar: la cultura llama a la acción, la historia como fenómeno cultural no sólo apela a nuestro intelecto sino sobre todo a nuestra conducta, y en particular a nuestra actitud cívica.

En el caso mexicano el uso de imágenes e imaginarios para apelar a una identidad propiamente mexicana es recurrente, más aun ahora que nos encontramos en las conmemoraciones cívicas de la Independencia (1810) y la Revolución (1910), ya el sesgo es interesante porque se habla de inicios de ambos movimientos pero poco se refiere a sus antecedentes y muchos menos a sus momentos paradigmáticos y subsecuentes. 

Por lo que hace a la Independencia, se ha insistido en series de televisión (no sólo en México) al cine y la literatura. Una serie de imágenes desfilan delante de nuestros ojos llamándonos a la reivindicación de nuestros símbolos patrios que dan razón de nuestra nacionalidad.


Más allá de los lugares comunes, es claro que detrás de todo aquello, y detrás de todo esto hay un proyecto político, las imágenes intentan simbolizar cuál debe ser el mensaje que al final nos debe quedar en la conciencia histórica. Sin embargo a lo largo de la historia las imágenes van simbolizando mensajes diferentes e incluso descontextualizados. Para muchas generaciones era claro que se trataba de dos etapas en la Independencia su inicio y su culminación, para ésta no lo es tanto (ver imagen arriba). 



Respecto de la función pública un imaginario se ha hecho presente en  las salas públicas, la frase "La Patria es Primero" acompaña los trabajos de legisladores y jueces en todo el país ¿qué significa hoy esta frase? habría que hacer una encuesta, pero seguramente pocos conocen el contexto en la que fue dicha, por lo que una lectura descontextualizada podría tener como resultado justificar un Estado de derecho o pero aun un Estado de excepción y la limitación de derechos.



A propósito de los salones de protocolo fue de uso común la imagen de Miguel Hidalgo en su despacho, un Hidalgo intelectual con papeles sobre la mesa que simbolizaban sus decretos y su labor legislativa que en realidad fue poca (ver imagen arriba).



Otro problema es que sociológicamente patria, nación y pueblo pueden parecer equivalentes pero en jurídicamente tienen implicaciones precisas dependiendo el contexto en que se interpretan jurídicamente, cuestión que puede o no repercutir en la cultura, cuestión por lo que el tema es susceptible de analizarse desde la cultura jurídica, se piense por ejemplo en el caso mexicano conocido como "el poeta maldito" en el que la Suprema Corte analizó el contenido de una poesía que atentaba contra los símbolos patrios.

Un asunto por demás interesante es el análisis de los propios festejos del centenario de la independencia en 1910, que fueron acompañados por un nuevo elemento visual: el cine.  "El grito de Dolores o La independencia de México" de 1907, de Felipe de Jesús Haro, fue obligatorio verla hasta 1910.  Entre los documentales que registraron los festejos oficiales se encuentra: la versión de los hermanos Alva, la de Salvador Toscano y Antonio F. Ocañas, la que realizó la empresa Desfassiaux, y tal vez las de Guillermo Becerril hoy desaparecidas. 

Las películas del Centenario registran el culto al panteón cívico en las escenas “Recepción de la pila bautismal del cura Hidalgo” donde podemos ver la procesión en la que los estudiantes de historia de la preparatoria iban jalando el carro donde se encontraba la pila bautismal del iniciador de la Independencia; y “Solemne entrega del uniforme de Morelos por la embajada española” la cual registra la entrega del uniforme y otros objetos que le fueran quitados por los realistas y que por encargo del rey de España hizo su embajador especial, el marqués de Polavieja al presidente de México el 17 de septiembre, evento que según la Crónica oficial, fue el que más conmovió al pueblo, por ser Morelos el “representante genuino de la nacionalidad mexicana”. En procesión, puestos sobre una cureña de cañón el retrato y los objetos de Morelos, iban escoltados por la Compañía de la Escuela Militar de Aspirantes y por el representante español (el marqués de Polavieja) escoltando los estandartes insurgentes, entre los que destaca el de la virgen de Guadalupe; en “Homenaje a los niños héroes de 1847 en Chapultepec” El programa incluyó el discurso oficial del diputado José R. Aspe y la lectura de un poema de Ezequiel A. Chávez. Para terminar, se cantó el Himno a los Héroes cuando Díaz se dirigió al monumento y depositó una corona de flores; la acción registrada por las vistas se concentra, al igual que en muchos otros eventos, en la llegada y partida de Porfirio Díaz, como una de las tomas que muestran al presidente de la República llegando a la tribuna oficial donde se efectuó el acto relativo al monumento a Washington.

Es muy significativa esta reunión de las imágenes simbólicas de los héroes del pasado con las del presidente. Utilizado en monedas, medallas, estampas, timbres, vajillas, postales, partituras y carteles, este recurso apareció en las mismas celebraciones del Inicio de la Independencia en el carro alegórico del Centro Mercantil para la Fiesta del Comercio, donde el busto de Hidalgo iba coronado por la Patria, el de Juárez por la Justicia y el del General Díaz por la Paz. De la misma manera, en el álbum fotográfico México en el centenario de la Independencia el recorrido visual inicia con los retratos de los tres próceres presentándolos como los constructores de la nación. En las películas el recurso visual se enfatizó a través de la inclusión de vistas fijas o transparencias en las que aparecían dibujos o retratos de Hidalgo, Juárez y Díaz.

(…)

Enfatizando el discurso oficial del Centenario, el cual sugería que el régimen porfirista era un punto culminante de la historia mexicana, en la “Apoteosis de los Héroes de la Independencia”, la final y espectacular ceremonia que constituyó el apropiado cierre de todos los festejos, el padre Rivera, uno de los historiadores más conocidos del periodo, señaló que “Hidalgo y Juárez plantaron la frondosa oliva de Porfirio Díaz.”

Gracias a él [a Díaz] hemos podido solemnizar nuestro Centenario y esta magna apoteosis con incomparable magnificencia, entre el aplauso y las cordiales manifestaciones de simpatía de todas las Naciones del orbe y en medio de las aclamaciones de un pueblo libre, próspero, culto y feliz.

Así considerada, esta solemnidad de agiganta. Esta glorificación alcanza, no sólo a los héroes y a los mártires de nuestra lucha de Independencia. Nuestra gratitud y nuestra veneración se extienden aún, y sucesivamente, a los prohombres gloriosos de la Reforma, y también incluye, y debía incluir, al magno gobernante; al fundador de la paz, del crédito y de las riquezas nacionales; al educador, con su ejemplo, con las instituciones que ha creado y con los códigos que ha expedido, del pueblo mexicano, y a quien la posteridad llamará el consolidador de nuestra Independencia.(*)

Por último habría que decir dos palabras respecto de las imágenes más recientes sobre la independencia. La primera es la película Hidalgo. La historia jamás contada de Antonio Serrano, que afortunadamente rescata aquél matiz por el cual Hidalgo denunciaría la doble moral de la época a través de la metáfora del Tartufo de Moliere, pero llama la atención que se enfatice en que la vida privada de un "héroe nacional" nada tiene que ver con su actividad pública y que al caudillo se le pueden perdonar cosas siempre y cuando cumpla su misión, lo que podría llevar al imaginario social a formarse una idea utilitarista y caudillista de la historia de México, no sólo de su historia, sino incluso de su presente que es producto de aquella.




Por lo que respecta a Héroes verdaderos de Carlos Kuri, que tiene momentos emotivos y otros verdaderamente aburridos, sobre todo para los niños a la que va dirigida, por su naturaleza debe recurrir a los lugares comunes y estereotipos, propone que el héroe puede ser cualquiera pero esos cualquiera tuvieron que realizar un acto que tornó diferentes sus vidas, incluso rescata al Pípila y al Niño Artillero excluidos ahora de los libros de texto, pero llama poderosamente la atención que el villano sea el mestizo es decir, el propiamente mexicano, que por cierto corresponde a la descripción de la idiosincrasia mexicana "resentida con su pasado y molesta con su presente" ¿denuncia o o coincidencia? el mensaje del final parece acertado: el héroe ante la duda siempre hace lo correcto, justo la tesis contraria de Serrano. Sobre la serie de Televisa Gritos de Muerte y Libertad, como es de costumbre reune un muy buen reparto y la producción es de calidad pero no deja de ser una soap opera que ciertamente no busca generar ninguna reflexión particular sino más bien mantener al espectador delante del televisor.

Igual que en 1910 las imágenes y sus mensajes están ahí, ya cada quien hará sus conclusiones.




(*) “Dos representaciones, una misma Independencia: las vistas cinematográficas de los festejos de los Centenarios en México, 1910 y 1921” Erika W. Sánchez Cabello (http://cinesilentemexicano.wordpress.com/2010/08/22/dos-representaciones-una-misma-independencia-las-vistas-cinematograficas-de-los-festejos-de-los-centenarios-en-mexico-1910-y-1921/)

martes, 28 de septiembre de 2010

Cátedra de "Cultura Jurídica" (Universidad de Girona)



El profesor Jordi Ferrer Beltrán dirige en la Universidad de Girona una Cátedra sobre Cultura Jurídica, la cual une diferentes esfuerzos de investigación, discusión y difusión de temas relacionados con la cultura jurídica con una interesante aproximación hacia los fenómenos iusculturales latinoamericanos, pero también con la idea de comenzar a construir un espacio dialógico entre Europa y América Latina, cabe además mencionar que se encuentran adscritas a la Cátedra dos destacadísimas colegas mexicanas: Maria del Carmen Vazquez Rojas y Rocío López Medina quienes realizan estudios de posgrado en esa Universidad, también está vinculado a la Cátedra Arturo Bárcena Zubieta de la Universidad Autónoma de Querétaro.

En el portal de la página (ver) puede leerse la idea de cultura jurídica que está detrás de este proyecto además de los objetivos de la Cátedra:

La cultura jurídica es hoy objeto de grandes desafíos, lanzados por una realidad cambiante, una sociedad en rápida evolución y un derecho de desarrollos a menudo desbordantes y dispares. La llamada globalización, como no podía ser de otro modo, ha tenido gran impacto en las tradiciones jurídicas clásicas, desdibujando las fronteras culturales de antaño, aportando nuevas influencias a los distintos sectores del ordenamiento jurídico, situándonos en un momento de frontera donde a menudo no son claros el camino, los métodos, los grandes principios.

El estudio del derecho deberá romper algunas de sus costuras tradicionales, algunas de sus barreras autoimpuestas: por un lado, abrirse al mundo, adquirir consciencia de esta nueva realidad globalizada, internacionalizarse como objetivo prioritario. Por el otro, debe abrirse a la sociedad. La Cátedra de Cultura Jurídica de la Universidad de Girona quiere ser un centro de alto prestigio, buscar la excelencia en el análisis y la investigación, así como constituirse también en un referente social en la divulgación jurídica.

Recomendamos también leer el Dossier de la Cátedra que contiene más detalles del programa:

viernes, 24 de septiembre de 2010

Cultura(s) Popular(es) y Derecho



Avanzando un poco más en el análisis de las implicaciones entre Cultura y Derecho, nos topamos con una distinción que es preciso tratar desde ahora para poder ubicar mejor el problema y comenzar a distinguir espacios de estudio. Me refiero a lo que se denomina Cultura popular, cuya noción consiste en una serie de expresiones que surgen de la espontaneidad de la vida común, claro está que definir "lo popular" es una tarea muyúscula que sobre pasa la pretensión de este espacio, pero digamos que nos quedamos con la idea común de que la cultura popular es una manifestación proveniente del pueblo, que representa prácticas e imágnes que el pueblo tiene de sí mismo. Muchas de estas manifestaciones suelen observar formas poco ortodoxas, poco doctas e incluso iletradas, pero sobre todo híbridas (García Canclini) cuestión por la cual el mundo académico suele despreciarlas e incluso satanizarlas. 

Sirva también este espacio para rendir un sincero homenaje a don Carlos Monsivaís, fanático de la cultura popular, apasionado de la lucha libre, cinéfilo de profesión, curioso de la vida urbana mexicana.

Asíque anuestros seguidores los invitamos a participar en lo que será una nueva sección de nuestro blog, opinando, escribiendo y debatiendo a propósito de estos temas, sólo por apuntar algunos:

1. Lo que se conoce como el cultural performance:  todas las manifestaciones artesanales que pueden contener imágenes sobre el derecho, por ejemplo la lucha libre donde se representa una idea de la justicia y el justiciero.
2. Expresiones culturales populares del derecho: el contenido jurídico de dichos, corridos, historietas como Los Burrón de Gabriel Vargas.
3. Los problemas metodológicos del análisis de las culturas populares: desde la etnología hasta la antropología interpretativa de Geertz, por ejemplo analizar las prácticas jurídicas como prácticas culturales, de este modo un proceso judicial podría ser analizado como un espacio simbólico (Bourdieu) y las conductas, lenguajes e imaginarios de cada personaje involucrado en un juicio, nos arrojaría una visión más completa.
4. Ubicación de las posibles culturas populares en México: en principio las culturas indígenas, las culturas regionales y las culturas urbanas.

Obviamente esta lista no es exhaustiva por el contrario, son sólo algunas ideas puestas en la mesa para el debate.

Sobre culturas populares ver la siguiente liga que incluye bibliografía y plateamientos:

lunes, 30 de agosto de 2010

El olvido de la humanidad (Un breve comentario desencantado a propósito de nuestra próspera modernidad)



Más allá de las teorías o perspectivas teóricas se encuentra el ser humano; pero esa es la paradójica tragedia, que el ser humano parece quedar siempre más allá. Fundamento de todas las visiones antropocéntricas quedó perdido entre las definiciones; otros más decidieron hacerlo a un lado explícitamente, por las limitantes cognitivas o por la renuncia a la soberbia que terminó por convertirse en pusilanimidad. Pero el olvido del ser humano que alarma no es sólo el teórico, el olvido que desgarra es el cotidiano. Un olvido que va avanzando, que comenzó por desmembrar las conciencias de lo otro que es propio. Primero el mundo se nos hizo ajeno y sólo así pudimos explicarlo, pero fundamentalmente, dominarlo; luego, nosotros mismos nos enajenamos, al percibir al otro como extraño. Nos olvidamos del otro que mira y ríe, que sufre y se encuentra ahora tan solo, con su ego entronizado, porque así lo ha dispuesto su impenetrable autonomía monádica. Nos olvidamos poco a poco de que lo que nos constituye no es ajeno y de que en la alegría de los que están al lado se encuentra nuestra felicidad. Nos olvidamos del olvido y comenzamos a creerlo memoria. ¿Qué más da el grito ajeno y el llanto del extraño si con ello se puede conseguir el goce placentero del poder, de la comodidad y un sueño de vida artificialmente comprado? No hay nada más que el olvido de las violaciones, de la tortura, de la desnutrición y de los pueblos lejanos. Olvidados, sin rumbo, sólo un rumbo inventado. La raíz del olvido en el disimulo de los descalzos, en la basura que se suelta al aire despreocupado, en la inconsciencia del trato hacia el anciano. El olvido en sus expresiones prístinas de mutilación, física y anímica, en la distancia abismal de los medios de subsistencia que enfrentan cifras “optimistas” de tres mil pesos mensuales frente a setenta y cinco millones de ceros incontables diarios. Los hechos son claros, no hace falta buscarlos, emergen “disfrazados” de los diarios… pero sobre todo, se agolpan en cada paso, así, sin disfraz, alrededor de eso que ya no vemos, porque no queremos, porque nos hemos olvidado. ¿Cómo volver?, ¿cómo recordarnos? Si nos hemos vuelto cosas y las cosas se han vuelto dioses y a los dioses hay que acumularlos a cualquier costa… Qué más da, si el olvido otorga levedad y nos perdemos en la levedad del ser instantáneos, inmediatos. No pasa nada, no significa nada, la muerte de uno o millones, al final todos mueren. Olvidamos el olvido del olvido y en la levedad nos esfumamos hacia la brutalidad inconsciente de la violencia… Ley Arizona, masacre de migrantes, invasiones armadas en oriente y el mundo, muertes “colaterales” en la lucha contra el narco, desnutrición, analfabetismo, Juárez “de” nadie porque ha sido disimulado. Indignante olvido que ha sido olvidado para continuar el ritmo mecánico del vacío de lo humano.

sábado, 14 de agosto de 2010

Precisiones sobre «Globalización, derecho y cultura»

Quisiera, como anhelo personal, adherirme a lo que Susan  Haack llama una postura ingenua sobre la verdad en la ciencia, pero creo que ahora me siento muy contaminada por el germen del relativismo; Susan Haack en su ensayo «Esperando una respuesta: el desordenado proceso de buscar la verdad» ha usado la etiqueta de: “los nuevos cínicos”, lamentable o no, mi tendencia natural-actual me acerca a esta casilla, categoría o etiqueta.

Por lo pronto, creo que el título del comentario “globalización, derecho y cultura”, sin un objetivo claro confunde, o por lo menos, crea una especie de desasosiego latente, una cuestión que evoca la idea de un derecho a no hablar, a la posibilidad de no saber, y es esa sensación la que me ha inspirado para escribir mi reflexión y me mueve para compartir lo que es una opinión personal.

Intentaré explicarme un poco pretendiendo la titánica tarea de lograr por lo menos una idea clara…

Parto de hacer mía las premisas que Susan Haack ataca en el artículo antes compartido, «De la premisa falibilista verdadera de que lo que pasa por verdad, los hechos conocidos, la evidencia fuente y la investigación bien conducida a veces no son tal sino sólo lo que los poderosos han logrado que sea aceptado como tal. La falacia de ‘pasar por’ se mueve hacia la falsa y cínica conclusión de que los conceptos de verdad, hechos y evidencias son fraudes ideológicos.»

Pretenderé, en este escrito, mostrar mi inquietud hacia esos “fraudes ideológicos” para argumentar que, por lo menos en cuestiones sociales, concretamente en lo conocido como “cultura jurídica interna”, hablar de ideologías en las decisiones particulares de los productores de cultura jurídica, resulta más viable que hablar de pronunciamientos de verdades científicas.

Dibujaré mi planteamiento en tres pinceladas, la primera, clarificaré el camino de la discusión, segundo, citaré las tesis cínicas en filosofía de las ciencias expuestas por Susan Haack en el ensayo antes mencionado, y finalmente articularé mi opinión sobre la viabilidad de hablar de ideologías en el ámbito social.

Preparando el camino para la discusión: algunas aclaraciones.

Las afirmaciones de las que parto son esbozadas en un contexto de filosofía de las ciencias concretamente en las discusiones sobre los avances de las ciencias naturales, lo cual nos acerca a la, ya vieja, discusión sobre el método en ciencias naturales y sociales, por tanto, tomo los comentarios de la profesora Haack, y de un ensayo particular, con la única pretensión de fundar mi  opinión en un contexto diverso al de la filosofía de la ciencia.

Bajo este orden y como decía anteriormente, pienso que las premisas sobre las que fincamos nuestro actuar cotidiano (en la esfera social) tienen que ver con ideologías aceptadas más que verdades universales, es lo que me ha inspirado el título de “globalización, derecho y cultura”, ya que, entre otras cosas, permite interpretar que estamos expuestos a una cantidad de información que no sabemos cómo procesar, acercándonos más a una sociedad del caos, que nos invita a ver los avances en las ciencias como la tendencia a fraudes ideológicos, así se lee en las siguientes proposiciones:
  1. “posturas cínicas: los supuestos ideales de investigación honesta, el respeto por la evidencia, el interés por la verdad, son un tipo de ilusión, una cortina de humo que oculta las operaciones del poder, la política y la retórica”
  2. “Richard Rorty: una creencia está justificada si y sólo sí es defendible mediante nuestros estándares epistémicos occidentales”,
  3. “Stephen Stich; una vez que tenemos una idea clara del asunto, la mayoría de nosotros (…) no vemos valor alguno en tener creencias verdaderas”,
  4. “Louis Menand: el pragmatismo es la concepción de que toda la fuerza de una explicación filosófica de cualquier cosa (…) descansa en las advertidas consecuencias de creerla”

Lo que Susan Haack llama el nuevo cinismo en las ciencias, en la cultura jurídica interna, podría servir como un punto de contrapeso, ya que no es posible hablar de verdades en la producción de cultura jurídica, sino sólo de tendencias que favorecen más una ideología que otra.

Hablar de verdades en una ciencia que es normativa, nos acercaría al dogmatismo, en cambio la política cercana al poder y aliada al derecho como vinculada a la producción normativa, permite ver que la función de los operadores jurídicos en gran medida se sujeta a tendencias políticas que favorecen ideologías particulares.

Ser conscientes de que son las ideologías exitosas las que rigen dentro del mundo de lo jurídico, no es una postura satánica frente a los avances de la ciencia, sino, simplemente, buscar una mención más cercana a la “realidad”, menos utópica para trabajar con ella, todos deseamos la honestidad, el bien común, los anhelos de libertad y justicia, valores que son propios a los hombres y no sólo propiedad de blancos occidentalizados.

Sin embargo, la exposición a la ya clásica deshumanización de las clases bajas, esas clases bajas desprotegidas debido al nulo acceso a la educación que muchas veces responde a una alienación programada, donde el individuo rechaza su formación en aras de una libertad mal enfocada, o mejor dicho, en aras de una ideología que ha sido exitosa; -¡Eres libre de hacer lo que quieras!, pero cómo podemos saber qué es lo que realmente queremos hacer, cuando las opciones para la acción, por lo menos en nuestro contexto mexicano, son limitadas o reducidas prácticamente a NADA, o en el peor de los casos, reducidas a aspiraciones protagónicas de alguna telenovela.  Ya lo dice Carlos Fuentes, en México todo es Telenovela.

Por lo menos en cuestión social, la falacia de ‘pasar por’, no resultaría tan falsa y cínica en su conclusión de que lo que nos es presentado como libertad, posibilidad de crear etc.,  es, no digamos un fraude ideológico, sino la imposición de una ideología exitosa.

De esta manera, el tratamiento de las ideologías, por lo menos en la cultura jurídica interna, para el reconocimiento de lo que dicen aquellos que interpretan la ley (jueces, magistrados, ministros) no es más que el reconocimiento del triunfo ideológico, si bien no del todo arbitrario, sí sujeto a una diversidad de elementos dentro del esquema de decisión propio de la cultura jurídica de México.

Esta no es una idea nueva, es una propuesta de Tarello, quien concibe que « en el análisis de la cultura jurídica se produce una búsqueda de las ideologías, en el sentido de que el resultado de la investigación será el de desvelar las asunciones valorativas y los éxitos políticos de las doctrinas, y nunca el de establecer su potencialidad heurística o sus (injustificados) valores de verdad».

Por tanto, mi conclusión es que la postura de los “cínicos” manejada por la profesora Haack en filosofía de las ciencia, puede ser de mayor utilidad si quitamos el fardo negativo a la noción de “ideología” y lo enfocamos de manera crítica y propositiva al ámbito de la cultura jurídica interna para pasar a un análisis próximo de la realidad en la toma de decisiones de los operadores jurídicos en su conjunto, particularmente en el caso del sistema jurídico mexicano.

Esto me regresa al título que ha inspirado este escrito “globalización, derecho y cultura”, la necesidad de clarificar las ideas en un mundo donde la información nos desborda es más que necesario vital, puesto que ya lo escribió Jon Elster en el “Ulises desatado” que, «el disponer de demasiadas alternativas, tiene consecuencias irrevertibles para los jóvenes verdaderamente talentosos que acaban siendo aprendices de todo y maestros de nada».

¡Por una clara cultura cuidemos nuestros pensamientos!

martes, 10 de agosto de 2010

Globalización, derecho y cultura


La globalización es dificil de conceptualizar por ser un fenómeno dinámico, polivalente, transversal; aunque es posible detectar una constante que podría referirse a la economía, con el problema implícito adyacente de determinar también qué es la economía, en fin, que por el otro lado aparece también con fuerza la idea de la globalización como un asunto cultural, millones de personas sometidas a las mismas imágenes e ideas, con el potencial normativo que esto puede tener. 

Y la ciencia jurídica todavía temerosa llega al análisis de la globalización con muchas limitaciones en principio sin poder prescindir de sus viejas categorías en las que supuestamente ha encontrado seguridad y ante una débil respuesta de la ciencia jurídica los fenómenos jurídicos que surgen en el contexto global suelen ser los menos favorables para lograr un orden cualquiera de tipo jurídico. 

Parece que la apuesta en todo caso debiera ser desde la cultura y no como algunos piensan desde cierto tipo de instituciones con poca representatividad social, al final del día deberíamos estar pensando en como recrear una sociedad civil global más que en globalizar el Estado de derecho que tantas limitaciones tiene en principio porque excluyó a la sociedad. Se trata de repolitizar la política (Roberto Esposito), se trata de generar imágenes positivas del mundo que queremos (Win Wenders) y para ello el derecho es sólo uno de los elementos de un entramado que sólo es posible construir desde abajo, desde el sur (Boaventura Santos).

Tal vez el cine, la literatura, un blog puedan contribuir a generar una nueva cultura, una nueva ética global menos desconfiada del otro, menos vengativa, menos explotadora, menos controladora en fin, una sociedad con anhelos de justicia más que de criminalización. 

Visita el blog sobre Globalización, Estado y Derecho.