viernes, 19 de enero de 2018

Filosofía e Indigencia



Hay una idea distorsionada que relaciona a la filosofía con un ejercicio sofisticado, que en cualquier caso no podría realizarse desde la pobreza; el llamado ocio académico supondría bonanza económica, dejar de preocuparse por el sustento para poder pensar. Como si el pobre no pensara y el rico tuviera mayores insumos para hacerlo de mejor modo. A lo largo de la historia diversas corrientes filosóficas han demostrado que también desde la pobreza se puede pensar, incluso mejor. Pero el punto que quiero tratar ahora es una posible instrumentalización de la pobreza, más allá de una sincera preocupación no sólo por el tema, sino por las personas pobres en sí mismas, como seres humanos que requieren de la intervención de otros seres humanos que tendiendo una mejor solvencia pueden ayudarlos solidariamente, o al menos podrían poner su trabajo intelectual al servicio de esta causa, en el entendido que quizá quien más necesite de un rescate sea el propio intelectual, y justo aquí es en dónde se torna complejo el argumento, pues ¿qué tan egoísta es la necesidad de ayudar para demostrar a los demás que se es solidario? Se busca la condescendencia e incluso la tranquilidad de conciencia en la ayuda a los demás.

En cualquier modo es mejor tener la intención que no tenerla, se trata de una conciencia social, que supone un bagaje previo de reflexiones, una filosofía particular.
Pero no todo lo que lleva el apellido social lo es, y esto lo ha aprendido muy bien una derecha neoliberal que se siente cómoda descalificando a aquellos con compromiso social argumentando que instrumentalizan a la pobreza, cuando en realidad son ellos mismos los que lo han hecho siempre, es algo así como dice el dicho popular que “el león cree que todos son de su misma condición”. 
Hay una indigencia real, hay un sector en nuestros países latinoamericanos que come una vez cada tercer día, y en gran medida este fenómeno se intensifica por la falta de conciencia social del resto de la población, la brecha abierta por la desigualdad puede ser mayor si el tema se banaliza o nos acostumbramos a su instrumentalización.

El derecho contemporáneo se fabrica muchas veces de la mano de programas de gobierno y políticas públicas que buscan más que incidir en el eliminar la brecha, generar una propaganda idónea que justifique los grandes gastos con cargo al erario público, la mercadotecnia del derecho es una realidad ligada a un discurso basado en buenas intenciones. Seguramente el programa o política que abandere derechos humanos venderá mejor que otro que no lo lleve. Esto que podríamos llamar doble discurso o currículo oculto, por eso una filosofía desde y para la indigencia supone una ética, un examen constante para descubrir si la intención sigue siendo diáfana y sincera. Y es que detrás del paternalismo y el populismo, se esconde una actitud de control y dominación, el que ayuda o dice ayudar puede fácilmente entenderse en un contexto de supra a subordinación y aprovecharse de tal condición. Por ello es muy importante fomentar una ética de la otredad, una visión de la diversidad.

Saberes como la antropología y la etnología han lidiado con este problema epistémico desde hace ya mucho tiempo. El peligro de generar un turismo de la indigencia, un folclore de la pobreza está a la orden del día. Nuestro pasado indígena, y una población indígena indigente, lleva muchas veces a instrumentalizar a un gran sector de nuestras sociedades. 

Muchas campañas políticas utilizan al pobre y al indígena como un elemento retórico para alcanzar al electorado. Es justo aquí donde la filosofía desde y para la indigencia debería denunciar estos abusos, el hecho de consentirlos nos hace cómplices de ese sistema perverso que mediatiza la pobreza, pero no tiene ninguna intención de erradicarla porque en el fondo sabe que ese es el mejor mecanismo de control político.

miércoles, 10 de enero de 2018

Etnoderecho y Etnojusticia



La homogeneización que produce el capitalismo feroz y desbordante, cuya misión es despersonalizar, nos ha disgregado, nos ha desunido con la firme intención de aislarnos. La etnología como ciencia de la diversidad cultural ha intentado dar algunos elementos para detener esta caída en picada, una postura etnológica permitiría encontrar claves de lectura para una vida colectiva distinta.

Muchas comunidades hoy en día resisten los procesos globalizadores y extractivos con valentía y fortaleza, sus saberes ancestrales están en peligro y con ello la posibilidad de poder sobrevivir a la sobre explotación que depreda a la tierra y sus especies. 

El derecho como saber humano, que en un correcto ejercicio puede llevar a generar reglas y principios de convivencia y plantear medios de solución de controversias, subsiste en formas inimaginables en estas comunidades, más aún, ha tenido desarrollos particularísimos que lo han llevado a ser eficaz y duradero, sin necesidad de reformas, grandes edificios o costosos presupuestos, es más, sin facultades que lo enseñen.

El etnoderecho defendería en su caso en primer lugar la diversidad de culturas jurídicas, la pluralidad en las maneras de entender el derecho; pero de manera inmediata, en un segundo término, el etnoderecho estudiaría estas formas y encontraría los mecanismos para incorporar figuras etnojurídicas que hayan sido de utilidad de una o algunas determinadas comunidades; supone un ejercicio comparativo singular, en el cual el observador debería tener apertura de criterio, pero sobre todo de espíritu. Supondría superar las viejas taras de la ciencia jurídica tradicional y migrar hacia un derecho más vivo.

La etnojusticia estaría al lado para apoyar con sus diferentes prácticas compositivas, pero además como una cosmovisión que implicaría involucrarse en los elementos fundacionales de la propia comunidad, bajo un ejercicio de memoria colectiva que genera identidad, fortalece los lazos comunitarios y promueve las buenas acciones en favor de los demás. 

Parece la única vía transitable para terminar con sistemas de justicia clientelares como los nuestros donde sólo obtienen buenos resultados los que tienen poder económico o político.

También parece la única vía posible para sanar a nuestras sociedades enfermas, llenas de podredumbre como la pobreza, la corrupción, el despojo, la violencia, el hambre.

Texto en formación y que será parte del libro: Teoría (in)frarreal de la (in)justicia 
José Ramón Narváez Hernández

jueves, 23 de noviembre de 2017

Presentacion del libro #Necroderecho de Jose Ramon Narvaez en la XVII FI...

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Los Catrines del Derecho

En diversas poblaciones de México existe un baile popular denominado Baile de los Catrines, el cual satiriza de diferentes modos el afán de algunos mexicanos de imitar costumbres europeizantes, por eso las máscaras son de tez blanca, cejas y barba bien delineadas. En algunos casos incluso llevan un pequeño látigo que servía a los hacendados para azotar a sus peones. Los catrines bailan las danzas propias de cada época que venían de Europa, también imitan la vestimenta y los movimientos y accesorios como el paraguas. La actitud de los danzantes es de arrogancia e incluso en algunos lugares hay manifiestos actos de desprecio hacia otros personajes de las danzas. En los últimos años también hay mujeres representando a catrinas y por tanto europeas. Esta sátira que recorre varias poblaciones, y es una manera de generar una burla sobre un sector de la población que lesiona(ba) al resto de los moradores de un lugar, es un exorcismo, una catarsis, una manera de implorar que esas personas disminuyan sus actitudes déspotas. En la academia del derecho varios catrines deambulan mirando por encima del hombro los esfuerzos de una academia nacional que busca sus propios rumbos, no es una simple reivindicación nacionalista, es la necesidad de poderse expresar en términos de la propia identidad. Asiste al Congreso de Filosofía del Derecho para México los días 15, 16 y 17 de noviembre en el Auditorio Mario de la Cueva de la Facultad de Derecho de la UNAM, será nuestro propio Baile de los Catrines del Derecho.

viernes, 23 de diciembre de 2016

El Infrarrealismo jurídico: Una propuesta contracultural



2014 año fatídico de la desaparición de los 43 de Ayotzinapa, ese año nació el Infrarrealismo Jurídico. 2016 el movimiento se constituye en Colectivo y se presenta oficialmente en las V Jornadas de Filosofía del Derecho de la UNAM. 2017 el colectivo presenta "necroderecho" un ejercicio de catarsis en el Museo Nacional de Arte (INBA). 

El nombre tiene que ver con el movimiento literario encabezado por Roberto Bolaño Ávalos y Mario Santiago Papasquiaro. La novela Los detectives salvajes, de Bolaño, cuyo protagonista es una estudiante de derecho que se decanta por la poesía representa para el Colectivo la pauta de lo infrarreal: “Déjenlo todo…” la emancipación.

Si lo infrarreal literario trata de humanizar lo humano, lo infrarreal jurídico busca llevar el derecho al campo de las grandes batallas humanistas, donde normalmente está el arte, por eso nosotros también decimos: “Déjenlo todo nuevamente”, empecemos cosas nuevas, vamos a crear, busquemos nuestra propia identidad en la cultura y seamos de alguna manera pepenadores del derecho, recolectando aquello que nuestros colegas por violencia epistémica dejaron de mirar, aquello que está más abajo, que tiene que ver con nuestras raíces. Reciclamos eso donde ha quedado gente marginada, marginada no solo por el arte y la filosofía, sino por el derecho, esos excluidos, esa gente que el derecho no ve con buenos ojos, porque los ve como un peladaje, no quiere acercarse a eso, no sale de las aulas, no sale de los textos.
Nuestro colectivo busca el despertar, salir a la calle, ir a donde está el derecho vivo y en ese sentido despreciar el derecho visto como un asunto taumatúrgico y fetichista, verlo, más bien, como un fenómeno cultural, un asunto más humano.

El colectivo ha realizado 3 Coloquios, Cine debates, Camabaleche de libros y películas, y mantiene un foro parmente de discusión en el Posgrado de Derecho de la UNAM con participación de profesores y estudiantes de Filosofía, Ciencias Políticas, literatos, realizadores de cine, personajes de la cultura popular, etc.


Este fue nuestro manifiesto inicial:

Déjenlo Todo, Otra Vez… y compártanlo

Para todos los detectives salvajes, en busca de un Derecho radical, que pregunte, transforme, ame todo lo que cuida y cuide todo lo que el ser humano ama.

La escuela “Infrarrealismo Jurídico”, pretende la reflexión como un desafío a usar el cerebro, un estímulo a no aceptar la corriente de opinión hegemónica sin al menos reflexionarla, debatirla y falsearla.

Puntos de tensión:

El derecho al adherirse a una idea ilustrada, burocratizarse y constituirse en una ciencia autónoma en la enciclopedia del saber, sacrificó un elemento importante que es la comunidad, el sentido común y los sentimientos que no es sino el cuestionamiento del YO a través del OTRO.

Rechazamos cualquier idea ilustrada de lo jurídico inclusive aquellas posturas que no han intentado sino recomponer y regenerar el derecho en sus crisis. La modernidad ha contaminado el derecho, lo que no compartimos, el derecho necesita dialogar con aquellas manifestaciones estigmatizadas y anatemizadas por su “irracionalidad” por revelarnos aquella “naturaleza humana” la que el sistema del derecho le estorba, le teme.

El derecho como diálogo con la totalidad
El derecho y su ciencia (prudencia), no puede darse el lujo de no voltear a dialogar y servir a TODAS las personas, parejas, familias, comunidades, ciudades, estados.
Debe servir y dialogar con todas las lenguas, culturas, discursos, modelos e ideologías.
Debe convivir, alimentar y alimentarse de todas las ciencias, artes y medios para comunicar.

Derecho como constructo social
Los seres humanos somos inacabados y el derecho al ser un producto colectivo, social, también es inacabado pero constructivo; volviéndonos conscientes de esa incompletitud conocemos, aprendemos y creamos. Somos objetos y sujetos del derecho, de su creación e investigación.

Derecho como secreto
El derecho es un secreto, incluso para el propio abogado. Es hermenéutica, código y encriptación. Es público, pero no al alcance de todos. El derecho debe servir y comunicar a TODOS, la publicidad y divulgación del derecho deben ser una máxima prioridad si pretendemos que la gente construya por si misma las mejores manera para servir y servirse mutuamente.

Derecho como reflejo de la realidad
El derecho sale del pueblo, es producto del proceso democrático, de la observación (muchas veces parcial y sesgada) de la problemática social, económica o personal. Las personas son tan fieles al derecho, como fiel a las personas es la propia norma.
Es el reflejo más fiel de nuestra ignorancia, miedos, fobias, prejuicios y fanatismos; o también de nuestros más grandes sueños y esperanzas.

Derecho como ficción de ficciones
Narrativa de la narratividad misma, el deber ser de la narratividad social, de nuestros roles y papeles, mediados por más guiones de los que posiblemente nadie podría memorizar, mucho menos dominar completamente. A eso todavía le buscamos juicio, parámetro, y en los casos más trágicos, anomia, falta de guion.
El derecho debe y puede construir y construirse de maneras más cercanas, consientes y justas para todas las realidades a las que sirve.

Derecho como juego
Experiencia, mediación, diversión, la finalidad del juego es regular la pasión y el placer de jugar, para poder seguir jugando mientras se obtenga placer. Ver el derecho como juego es ver la finalidad de la vida como el placer, y sus reglas como la condición de que la vida siga siendo vida, y no otra cosa.

Derecho como innovación.
Innovación de las formas de convivencia, construcción de confianza y felicidad mutuas.

Derecho como contra/hegemonía
El derecho como freno, canal y articulador del poder bueno, el poder que cuida, protege, defiende, garantiza.

Derecho como contenido
El jurista siembra ideas, aspiraciones y mecanismos para el florecimiento de la civilización, la sociedad, la ciudad, la cultura y, en general, de la conciencia. El filósofo del derecho, particularmente, tiene el deber de no claudicar en la búsqueda de valores, cada vez más universales, interdependientes, cada vez más incluyentes, cada vez más bondadosos, generosos, para proteger la norma, sus procesos o instituciones de la hegemonía del interés, idiosincrasia o ideología de unos cuantos.

Derecho como señal
El derecho como información computa y transmite aspiración, razón, equilibrio, fuerza. Es proceso, es contrato y es institución, obligación, derechos, aspiración y sanción. Todo eso se transmite, del legislador, el derecho antiguo y la doctrina; busca encausar, modificar, evaluar, sancionar o “corregir” la realidad.

Derecho como utopía
Como el medio para ensayar otros mundos plausibles, experimentar otras realidades, desmitificar las fuentes de lo utópico.

Derecho como integración
Integrar conocimiento, ideas, abstracciones, ideas y otredades. Sin edad, ni fecha de caducidad. Es un dialogo inter disciplinario y generacional.

Derecho como amor
Amor como idea de la interdependencia con el otro, con los otros, con el todo.
Amor como desprendimiento de nosotros mismos, como destrucción del ego.
            Amor al conocimiento y a los hombres que lo construyeron;
Amarlos para poder matarlos simbólicamente, y poder amar sus obras, contribuciones, creaciones, no por su fuerza en la tradición, el carisma o su (ir)racionalidad; sino por sus méritos, utilidad social.
Amor para buscar en la norma y su constructo simbólico valor, utilidad,  función y tal vez sentido de justicia.

Derecho sin intérpretes
El derecho, la teoría interna y externa, su historia de las ideas y de los hombres y mujeres que lo construyeron, su filosofía, etc., deben de construirse para separar el ego, idiosincrasia, sexo o raza de la esencia, el prejuicio del contenido, el verdadero continente normativo de la profecía del abismo.

Derecho sin egos
El ego es construcción de nosotros mismos, nuestro peor enemigo. Es un freno al dialogo, el consenso y el progreso. Siempre habrá alguien más inteligente, elocuente, culto, poderoso o guapo que nosotros, no por eso el verdadero debate de ideas debe supeditarse a eso.


Buscamos construir:

Derecho sin género

Derecho como sentido común

Derecho como confianza

Derecho redistributivo y restaurativo

Jurisprudencia de preguntas

Pedagogía de la complejidad

El infrarrealismo jurídico como proyecto, debe repensar el derecho en la sociedad y sus repercusiones sociales, debe reflexionar si las teorías de autores extranjeros reflejan o responden a las necesidades de nuestra sociedad, pues no se pueden retomar y discutir en las universidades del país, ni en las aulas donde se enseña derecho en México. Sus casos, tragedias y construcciones teóricas, poco o nada tienen que ver con la realidad mexicana.

Hay que voltear a la teoría buscando el cómo se pudo voltear a una sola realidad y abstraerla de tal manera que creyera la gente que así se describía/normaba cualquier sociedad, en cualquier tiempo, con cualquier clima, cualquier cuerpo o vida espiritual. Hay que buscar en nuestra propia sociedad los problemas que realmente la vuelven problemática, particular y distinta, como eso crea orden, tensiones y transformaciones, dentro y fuera de órdenes normativos abstractos importados, que les gustaría verla comportarse más europea o civilizada.

Debemos usar el cerebro y ver la realidad mexicana para encontrar ejemplos de casos trágicos en el derecho, que no han encontrado solución.

Al tiempo, cuando terminemos de entender porque aquí se mata, pelea, maltrata, roba, explota, divorcia, etc., y encontremos que nuestros rituales, idiosincrasia, realidad material y existencial nos dan características que niegan plegarse al marco occidentalizante debido, y por razones muy distintas que en otros lados, en efecto podemos empezar a soñar que este asunto se puede convertir en algo más pacífico y civilizado, comunitario, solidario, cooperativo, igualitario,  justo y adecuado a nuestra realidad.

La Difusión y Redifusión

La difusión de las ideas, investigaciones, debates y divulgación de las distintas escuelas, generalmente se limita a dominar los diferentes medios importantes para la difusión de sus ideas.

El infrarrealismo se propone la difusión del debate infrarrealista por todos los medios virtuales y palpables al alcance, siempre volteando a nuestra propia realidad y cultura; no para conservarla, sólo para entenderla.
La segunda misión del infrerrealismo será la redifusión de los debates, investigaciones e ideas, de manera objetiva y crítica, de todas las escuelas que quieran dar a conocer su propia verdad.

Sólo falseando las ideas, criterios y dogmas, incluidos los propios, puede haber innovación, progreso y transformación. Sólo asumiéndonos parte de la dialéctica y de la enciclopedia de las ciencias, el derecho podrá ser realmente libre.