lunes, 11 de febrero de 2019

LOS ABOGADOS Y LA FANTASÍA: A propósito de Peter Pan.

 


Peter Pan creación del escocés James Matthew Barrie de principios del siglo XX, se ha convertido en una figura icónica de la cultura popular, como aquel personaje que se niega a crecer porque el mundo de los adultos le parece deleznable para ello debe olvidar cada noche la aventura jornalera para no generar experiencia. En la adaptación de Spielberg en "Hook" (1991) Pan ha crecido y olvidado que vivió en Nunca Jamás, llama la atención que el personaje que interpreta Robin Williams, es decir, el Pan adulto, es un abogado desconfiado, quisquilloso, preocupado por la seguridad y en un estado de confort que lo ha hecho panzón. El reto de los niños perdidos es ayudarlo a encontrar la inocencia, haciéndolo pensar en cosas felices, así recuperará su poder de materializar cosas imaginándolas. Quizá sea un cliché pero la cultura popular considera que es el abogado el profesionista más aburrido, más alejado de la fantasía, porque ha perdido de manera paulatina su capacidad de sorpresa por el mundo, es el producto más acabado de una sociedad consumista e individualista que ha pervertido el sentido de la vida y se dedica a señalar los errores de los demás

jueves, 3 de enero de 2019

Hipérbole discursiva: la era de la desinformación y el descompromiso

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La posmodernidad se ha exacerbado. No sería exagerado hablar de Pos-posmodernidad. La falta de parámetros para acercarse a la verdad, ha generado la sobre posición -o mejor aún- la sobre exposición de versiones sobre un hecho, algo que se ha llamado posverdad, y que como podría alguno pensar también sería viable llamar pos-posverdad. 

En este contexto, es fácil afirmar muchas cosas por la mañana y negarlas por la tarde. Sigue existiendo un particular interés en el discurso y su efectividad retórica pero se abandona toda posibilidad de coherencia o de sustentar lo dicho. De este modo no hay necesidad de probar lo que se afirma. 

Esta hipérbole discursiva lleva a intensificar el discurso y a despreocuparse por los hechos, ya sea por aquellos de los que se desprende la afirmación o por aquellas promesas que se hacen a través del mismo.

Puesto que la atención está puesta primordialmente en el discurso y los hechos relegados; el discurso es corregido, aumentado, exacerbado y llevado a esa hipérbole que podría ser válida retóricamente hablando pero muy peligrosa a nivel social. Puesto que siempre hay forma de desmentir o tergiversar lo dicho argumentando que se ha mal interpretado. 

El asunto no es menor, la inflación discursiva, producto de la transparencia, genera una alta cantidad de datos que impiden un análisis puntual y detallado, sobre todo si sumamos la vertiginosidad de la información, las mentiras a medias saturan el espectro informativo y propician la pluralidad de opiniones, cuestión que en sí misma es positiva en la medida que se basa en la democratización de la información, el problema es la falta de circunspección y crítica para discernir entre toda la información. 

Es paradójico que la sociedad de la información y del conocimiento como la actual, sea la más desinformada, y es que la abundancia informativa genera cierta opacidad, pues las cuestiones trascendentes quedan sepultadas debajo de una batahola de datos irrelevantes, opiniones intrascendentes y verdades parciales. Cuestión que puede fácilmente ser aprovechada por quien controla el discurso.

Esta disociación entre el discurso y la realidad, era uno de los elementos fundadores de la modernidad, su exacerbación es parte de una hipermodernidad incapaz de enfrentarse al tabú de la verdad. Y es que no se trata de establecerla, mucho menos de imponerla, pero sí, al menos, de discutirla garantizando la calidad de la información, es parte de un ejercicio ético que supone una exigencia de objetividad que debe surgir no del propio discurso que se califica asimismo como objetivo, sino de un compromiso social que impone a cada interlocutor el deber de honestidad. El problema es que para muchos, la ética es un lastre, un arcaísmo y en el mejor de los casos un asunto subsumido también en el discurso que ha sido hiperbolizado. 
    

    

lunes, 20 de agosto de 2018

Cineminuto: La muerte de la justicia

miércoles, 20 de junio de 2018

El fin de la era de los Derechos Humanos




Era de esperarse. Los derechos humanos nacieron ante la imposibilidad de occidente de respetar la diferencia y la libertad. Nacieron en el contexto de un proyecto capitalista que impulsaba el consumismo a su vez basado en un individualismo exacerbado. Por ello el doble discurso desde el inicio, porque las libertades de unos son la esclavitud para otros. Pero funcionaba bien como mercadotecnia: tenga estos o tales derechos a cambio de su apatía y un poco de sus libertades. Luego la industria del miedo y la desconfianza afianzó el proyectos, Estados enteros volcados en la producción de derecho, una empresa que da muchos dividendos a los creadores de discursos. Las redes sociales vinieron a incrementar el engaño, el nivel de apatía entró en su fase más aberrante, pero la gente tenía la sensación de estarse ocupando del asunto por darle like o compartirlo en su muro. 

Para quien gusta del cine o de la construcción de ficciones esto puede ser muy claro, la cuestión está en la narrativa, en mantener la expectación, en no revelar el final jamás. Los derechos humanos, sus precuelas y sus secuelas, el universo de los derechos humanos, con tantos spin offs disponibles. Legiones de fanáticos que viven de ello, innumerables productos que adquirir incluso en línea.  

Pero las cosas no cuadraron desde el inicio. El fracaso del Estado de Derecho, llevo a una nueva versión del mismo. Cumplir las leyes para respetar los derechos se dijo en 1942 y se repite en 2018. Siempre fue así, los derechos de quien tuviera la sartén por el mango, ah, y claro, guardar las formas. Por eso cuando algún gobierno no guarda las formas, todos nos escandalizamos pero en el fondo no sabemos qué hacer porque al final también somo fans de la saga, nos engañábamos pensando que así era el mundo y así seguiría siendo al salir de la sala de cine. Esas imágenes horrorizan pero al menos no somos nosotros. Se trata de un desdoblamiento, de la sofisticación más refinada y odiosa de la hipocresía y la apatía. 

La era de los derechos humanos, fue una era gloriosa que habrá que recordar, pero ha terminado porque se agotó, ya no hay más que agregarle a la franquicia, quizá en algunas décadas volvamos con nostalgia a hacer un remake, pero ahora toca incorporar una nueva narrativa más realista y combativa que empiece por el respeto a los demás. 

La cuestión es muy sencilla: y tú ¿qué vas a hacer? 

martes, 20 de marzo de 2018

Federico García Lorca y el Derecho




A la profesora Josefa Ruíz Resa


Hace 120 años nació Federico García Lorca en el municipio de Fuente Vaqueros, Granada. Fue fusilado el 19 de agosto de 1936, y hasta la fecha sus restos no han sido localizados.

García Lorca se matriculó en la facultad de derecho de Granada en 1915, aunque después abandonó la carrera para trasladarse a Madrid. En el exilio neoyorkino se casó con Laura hija de su profesor de Derecho Político Comparado, Fernando de los Ríos.

Más bien se le conoce como poeta, dramaturgo y prosista; ligado a la cultura popular andaluza, perteneciente a la "Generación del 27".

En América Latina visitó Argentina y Uruguay y recibió ofrecimiento de asilo político por parte de México, él mismo se decía ciudadano del mundo:

Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política (1)
Las autoridades franquistas lo hicieron desaparecer en 1936, después de arrestarlo y mantenerlo confinado en el edificio que hoy funde como facultad de derecho de la Universidad de Granada. En 1965 un informe policíaco refería que su detención se debía entre otras cosas a su socialismo, amistad con Fernando de los Ríos "masón, perteneciente a la logia 'Alhambra', en la que adoptó el nombre simbólico de 'Homero'", además tiene «prácticas de homosexualismo y aberración" (2)

Antonio Machado escribió en 1937 "El crimen fue en Granada" en honor de García Lorca y para generar memoria por la desaparición de su colega.

A raíz del viaje a Estados Unidos, García Lorca se interesó particularmente por la explotación que sufrían los afroamericanos, muy similar a la que sufrían los gitanos en su amada Andalucía. 

En Poemas en prosa «Degollación de los Inocentes» encontramos claras referencias al aborto.

La casa de Bernarda de Alba trata el tema de la represión femenina y la intolerancia.

Su obra El Proceso a Mariana Pineda, trata sobre el juicio de una granadina de 26 años que murió por condena de muerte en la guerra, defendiendo la causa liberal en el siglo XIX al bordar una bandera para los conspiradores liberales contra el absolutismo. La obra tuvo una adaptación a la televisión en los años 80, protagonizada por la mítica Pepa Flores, también andaluza y quien sufriera violencia de género desde niña.

Hasta aquí unos pequeños esbozos de lo trascendente que podría resultar analizar la vida y obra del poeta maldito a la luz del derecho, aún queda mucho en el tintero, pero queríamos rendir un pequeño homenaje, planteando algunas posibles relaciones entre el derecho y la obra del escritor andaluz. Claro está que además quedaría todo un mundo por explorar sobre el folklore gitano presente en la obra lorquiana y su relación con el derecho. (3)

(1) Ápud Salvador Rodríguez, "La última entrevista a García Lorca" , en: laopinioncoruna.es, 3 de enero de 2010.
(2) Federico García Lorca, De Nueva York a Fuente Grande (1929-1936), Ian Gibson. Grijalbo, Barcelona, 1987. vol. II, pág. 476.
(3) Cfr. El cante por el derecho, José Calvo González, Ayuntamiento de Málaga, Málaga, 2003.