miércoles, 6 de marzo de 2019

Roma (Cuarón, 2018) y el Derecho

lunes, 11 de febrero de 2019

LOS ABOGADOS Y LA FANTASÍA: A propósito de Peter Pan.

 


Peter Pan creación del escocés James Matthew Barrie de principios del siglo XX, se ha convertido en una figura icónica de la cultura popular, como aquel personaje que se niega a crecer porque el mundo de los adultos le parece deleznable para ello debe olvidar cada noche la aventura jornalera para no generar experiencia. En la adaptación de Spielberg en "Hook" (1991) Pan ha crecido y olvidado que vivió en Nunca Jamás, llama la atención que el personaje que interpreta Robin Williams, es decir, el Pan adulto, es un abogado desconfiado, quisquilloso, preocupado por la seguridad y en un estado de confort que lo ha hecho panzón. El reto de los niños perdidos es ayudarlo a encontrar la inocencia, haciéndolo pensar en cosas felices, así recuperará su poder de materializar cosas imaginándolas. Quizá sea un cliché pero la cultura popular considera que es el abogado el profesionista más aburrido, más alejado de la fantasía, porque ha perdido de manera paulatina su capacidad de sorpresa por el mundo, es el producto más acabado de una sociedad consumista e individualista que ha pervertido el sentido de la vida y se dedica a señalar los errores de los demás

jueves, 3 de enero de 2019

Hipérbole discursiva: la era de la desinformación y el descompromiso

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La posmodernidad se ha exacerbado. No sería exagerado hablar de Pos-posmodernidad. La falta de parámetros para acercarse a la verdad, ha generado la sobre posición -o mejor aún- la sobre exposición de versiones sobre un hecho, algo que se ha llamado posverdad, y que como podría alguno pensar también sería viable llamar pos-posverdad. 

En este contexto, es fácil afirmar muchas cosas por la mañana y negarlas por la tarde. Sigue existiendo un particular interés en el discurso y su efectividad retórica pero se abandona toda posibilidad de coherencia o de sustentar lo dicho. De este modo no hay necesidad de probar lo que se afirma. 

Esta hipérbole discursiva lleva a intensificar el discurso y a despreocuparse por los hechos, ya sea por aquellos de los que se desprende la afirmación o por aquellas promesas que se hacen a través del mismo.

Puesto que la atención está puesta primordialmente en el discurso y los hechos relegados; el discurso es corregido, aumentado, exacerbado y llevado a esa hipérbole que podría ser válida retóricamente hablando pero muy peligrosa a nivel social. Puesto que siempre hay forma de desmentir o tergiversar lo dicho argumentando que se ha mal interpretado. 

El asunto no es menor, la inflación discursiva, producto de la transparencia, genera una alta cantidad de datos que impiden un análisis puntual y detallado, sobre todo si sumamos la vertiginosidad de la información, las mentiras a medias saturan el espectro informativo y propician la pluralidad de opiniones, cuestión que en sí misma es positiva en la medida que se basa en la democratización de la información, el problema es la falta de circunspección y crítica para discernir entre toda la información. 

Es paradójico que la sociedad de la información y del conocimiento como la actual, sea la más desinformada, y es que la abundancia informativa genera cierta opacidad, pues las cuestiones trascendentes quedan sepultadas debajo de una batahola de datos irrelevantes, opiniones intrascendentes y verdades parciales. Cuestión que puede fácilmente ser aprovechada por quien controla el discurso.

Esta disociación entre el discurso y la realidad, era uno de los elementos fundadores de la modernidad, su exacerbación es parte de una hipermodernidad incapaz de enfrentarse al tabú de la verdad. Y es que no se trata de establecerla, mucho menos de imponerla, pero sí, al menos, de discutirla garantizando la calidad de la información, es parte de un ejercicio ético que supone una exigencia de objetividad que debe surgir no del propio discurso que se califica asimismo como objetivo, sino de un compromiso social que impone a cada interlocutor el deber de honestidad. El problema es que para muchos, la ética es un lastre, un arcaísmo y en el mejor de los casos un asunto subsumido también en el discurso que ha sido hiperbolizado. 
    

    

miércoles, 20 de junio de 2018

El fin de la era de los Derechos Humanos




Era de esperarse. Los derechos humanos nacieron ante la imposibilidad de occidente de respetar la diferencia y la libertad. Nacieron en el contexto de un proyecto capitalista que impulsaba el consumismo a su vez basado en un individualismo exacerbado. Por ello el doble discurso desde el inicio, porque las libertades de unos son la esclavitud para otros. Pero funcionaba bien como mercadotecnia: tenga estos o tales derechos a cambio de su apatía y un poco de sus libertades. Luego la industria del miedo y la desconfianza afianzó el proyectos, Estados enteros volcados en la producción de derecho, una empresa que da muchos dividendos a los creadores de discursos. Las redes sociales vinieron a incrementar el engaño, el nivel de apatía entró en su fase más aberrante, pero la gente tenía la sensación de estarse ocupando del asunto por darle like o compartirlo en su muro. 

Para quien gusta del cine o de la construcción de ficciones esto puede ser muy claro, la cuestión está en la narrativa, en mantener la expectación, en no revelar el final jamás. Los derechos humanos, sus precuelas y sus secuelas, el universo de los derechos humanos, con tantos spin offs disponibles. Legiones de fanáticos que viven de ello, innumerables productos que adquirir incluso en línea.  

Pero las cosas no cuadraron desde el inicio. El fracaso del Estado de Derecho, llevo a una nueva versión del mismo. Cumplir las leyes para respetar los derechos se dijo en 1942 y se repite en 2018. Siempre fue así, los derechos de quien tuviera la sartén por el mango, ah, y claro, guardar las formas. Por eso cuando algún gobierno no guarda las formas, todos nos escandalizamos pero en el fondo no sabemos qué hacer porque al final también somo fans de la saga, nos engañábamos pensando que así era el mundo y así seguiría siendo al salir de la sala de cine. Esas imágenes horrorizan pero al menos no somos nosotros. Se trata de un desdoblamiento, de la sofisticación más refinada y odiosa de la hipocresía y la apatía. 

La era de los derechos humanos, fue una era gloriosa que habrá que recordar, pero ha terminado porque se agotó, ya no hay más que agregarle a la franquicia, quizá en algunas décadas volvamos con nostalgia a hacer un remake, pero ahora toca incorporar una nueva narrativa más realista y combativa que empiece por el respeto a los demás. 

La cuestión es muy sencilla: y tú ¿qué vas a hacer?